El síndrome Amélie. No solo en cines

La enfermedad es un mal necesario. De no ser por ella nadie moriría y la superpoblación mundial sería abrumadora. Así que la muerte, además de beneficiar a casas fúnebres, editoriales y sellos discográficos, también contribuye a la salud del planeta. Sin embargo, mientras estamos vivos no pensamos tanto en el planeta y hacemos todo lo posible por no enfermarnos, no solo para evitar la muerte; también para pasarla de la mejor manera durante nuestra residencia en la tierra. Pero convengamos que no todas las enfermedades son iguales. Algunas hasta parecen inofensivas, e incluso pasan por virtudes cuando son promocionadas en el cine, y por eso es necesario hablar sobre ellas. Hablemos, ahora, del Síndrome Amélie.

Contagio

Los mismos científicos que semana por medio anunciaban que exponer a los niños a sonatas de Mozart, la trompeta de Satchmo, o la voz de Pepe Guerra dispara capacidades hasta ese entonces latentes, ahora están creciendo y enfocan sus estudios en la adolescencia. En recientes estudios han dado con lo que llaman la variable Amélie. Su contagio ocurre durante ese momento bisagra en la educación sentimental de cualquier adolescente: el día en que El Fabuloso Destino de Amélie Poulain se cruza en su vida, momento que nunca pasa desapercibido y que, por el contrario, produce efectos devastadores en el cuerpo y alma de la víctima.

Síntomas en la infancia

Antecedentes y caracterización de Amélie

Quizás muchos piensen que Amélie, junto a Medianoche en París, Antes del Atardecer, o Paris je t’aime, no sea  más que otro reclame de la oficina de turismo francesa. Pero no, también es una película de 2001 del francés Jean-Pierre Jeunet. En la película, Amélie es una chica espontánea, dulcemente* rara, con una forma particular de hacer cada una de las cosas que el resto de los humanos hace sin siquiera pensarlo. Amélie tiene el mismo encanto devastador en hombres y mujeres que Annie Hall o la Maga de Cortázar tuvieron en generaciones precedentes, o el mismo daño que está causando Zooey Deschanel por estos días. En definitiva, es la Manic Pixie Dream Girl por excelencia.

Principales trastornos

Tras el efecto Amelié existe un 68% de posibilidades de que la desprevenida (o desprevenido, ya que hoy estamos rodeados de Manic Pixie Dream Boys) comience a alterar su forma de estornudar, de ponerse las medias, de pedir la cuenta, de saltar charcos, de festejar su cumpleaños, de enamorarse, de traducir un poema de Hölderlin al Arameo, de coleccionar saquitos de té para abrigar tazas de cartón, de tener hipo, de tararear una canción con la que soñaba su abuela, de escribir etcétera. La víctima suele juntar todas esas singularidades y armar lo que los psicólogos llaman personalidad. Una vez que se embarque en ese buque, emprenderá un viaje sin retorno en la búsqueda deliberada de la diferenciación en los aspectos más mínimos.

Todo se transforma

Efectos sobre terceros

Así como el humo del tabaco afecta tanto al fumador como a quienes lo rodean, el síndrome Amélie también deja su marca en los desventurados que se le acerquen a la víctima. Es que el principal problema de las personas infectadas es su propensión a querer “amelizar” las vidas de los demás. Su manera de acercarse a las personas es, más o menos, así: Hola vengo a cambiarte la vida. Algo que, a diferencia de lo que la Amélie Replicante suele pensar, no es deseado por el común de la gente.

Tratamiento

Paciencia, tiempo, y Aspirina Cliché cada 12 horas.

*empalagosamente

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