La sociedad de los dichos erróneos

Del dicho al hecho hay un largo trecho, pero suele haber un trecho más largo entre el dicho y el sentido común. Estos son tan solo tres ejemplos.

A caballo regalado no se le miran los dientes

Esta frase por demás conformista y prima hermana de “de arriba un rayo”, es completamente errónea. Para empezar, entre que me caiga un rayo y que no me caiga un rayo prefiero lo segundo. Y así como si me regalás una remera manchada, la lavo, si me caés con un caballo envuelto en papel de regalo y me encuentro con que sus dientes tienen caries, lo mínimo que haré será llevarlo al dentista veterinario; y ta, no te ofendas, pero es así la cosa.

A caballo regalado no se le miran los dientes

Lo que importa no es la intención, lo que importa es que el caballo tenga una linda sonrisa

Es que debajo de ese dicho se encuentra la impunidad de un tipo de personas que debe ser extirpado de la sociedad o, al menos, educado. Estas personas suelen ser padres, madres, tías, e incluso (que nunca te pase) tu pareja. Son personas que no han desarrollado el fino arte de saber regalar; personas que no entienden la diferencia entre un S y un M, personas que creen que todos se arregla con el “si no te gusta lo cambiás”, personas que se creen siempre justificadas porque “lo q importa es la intención”. ¡De buenas intenciones está pavimentado el camino al infierno, señores! Así que me hacen el favor y le meten un poco de pienso a la hora de elegir un regalo. Lo que importa no es la intención, lo que importa es que el caballo tenga una linda sonrisa.

En MDE opinamos que habría que desterrar este dicho y sustituirlo por uno más conveniente. Por ejemplo, “a elefante regalado se le mira el marfil”.

Lo que no te mata te hace más fuerte

A menos que lo que no te mate sea el gimnasio, este dicho no funciona con el resto de las cosas. Lo que no te mata puede volverte loco, dejarte unos días en cama, bajarte los niveles de hierro en sangre o llevarte al suicidio; pero nunca generarte masa muscular.

De todas formas, mucha gente confía en este dicho y por eso suele ocupar sus ratos de ocio con actividades que no atentan contra su vida, pero casi. Y así estamos, rodeados de asados en los que tenemos que escuchar sobre aventuras escalando el Kilimanjaro y mirando fotos en las que nuestros amigos sobreviven en la selva de quién-sabe-qué-país comiendo los frutos que recolectan en el camino. Pero a todo eso se le suma el desprecio total ante las actividades que no impliquen riesgo vital alguno. Y ahí, a replantearse todo. Porque no puede ser que mientras otros hacen bungee jumping, uno se mire una temporada entera de Game of Thrones sin pausar ni para ir al baño. Hay que agregarle riesgo.

fortalecerse

Ahora como que me siento mucho más fuerte, ¿sacás?

Así que si vos también sentís la necesidad de fortalecerte ante los ojos del resto de la sociedad pero sin sacrificar demasiado tiempo ni alejarte mucho del teclado y el monitor, probá comiendo sushi vencido, o con la vieja y querida receta de vino con sandía y seguí twitteando y leyendo blogs, con la tranquilidad que brinda saber que ya sos un poquito más fuerte y que es muy probable que mañana te levantes con diarrea.

Ojos que no ven, corazón que no siente

Así como el día del abuelo se inventó para que los publicitarios pudieran hacer tiernos avisos llenos de viejos y justificar su sueldo en el mes de junio; este dicho fue resucitado por vendedores de ópticas con saldos de los 80. He aquí el origen secreto de la nueva moda por los lentes oversized. Es que tanto los poetas, como los pintores y directores de cine le temen al déficit sensorial de la misma manera que otros les tememos a las arañas: de forma irracional. Y si no ver es no sentir o si hace falta ver para creer, como prefieren repetir otros, entonces lo mejor es sufrir de una miopía selectiva: no mirar las noticias pero tener buen aumento para leer la Vogue.

En el fondo todos sabemos que el Ratón Perez existe aunque no lo veamos y que Natalia Oreiro no existe aunque la tengamos frente a nuestra casa en uno de esos carteles de cuatro metros de alto. Además, si este dicho fuera cierto, Andrea Boccelli sería un farsante y todo el sistema de credos de la década de los 90 caería. Eso es inconcebible.

Hombre precavido vale por dos

Mucho peor que este engañoso dicho es el horriblemente sádico: No hay peor ciego que el que no quiere ver¿No tiene suficiente el ciego, acaso, con no poder ver? ¿Es necesario achacarle que no quiera ver? 

Igual, más allá de dichos y entredichos, los verdaderos piratas de los siete mares usan parche; porque ellos también tienen sentimientos, qué también, pero se los saben proteger.

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