5 mascotas para mantener en el clóset

A diferencia de los hijos, que siempre nacen humanos, al momento de tener una mascota las opciones se multiplican. Sin embargo, más allá de la diversidad de especies, los preferidos son los sospechosos de siempre: perros y gatos, seguidos por un pelotón que incluye conejos, tortugas y plumíferos enjaulados. Los más proclives a querer mascotas son los niños y los ancianos. Pero mientras que estos prefieren un bicho que no moleste demasiado, los niños tienden a desarrollar cariño por los animales más variopintos. Obviamente que ninguna elección es inocente y que en varios casos se esconden traumas y aspectos de nuestra personalidad que es preferible no ventilar y dejar guardados en el clóset, un mueble que no termino de entender si es lo mismo que un ropero o no.

1. Un hámster

La segunda mascota más sádica de esta lista. ¿Qué otra cosa puede decirse de un niño que pasa sus horas contemplando el inconducente giro de la ruedita del hámster? Además, ¿alguien podría explicarme cuál es la diferencia entre un hámster y una rata? Quizás el tamaño. Pero si tenés un hámster con sobrepeso esa diferencia se acaba. La diferencia se reduce, entonces, al color. Las ratas tienden al gris oscuro, ergo, las ratas son malas, feas y sucias. Seres diabólicos que no merecen ser acariciados, sino envenenados. Por el contrario, los hámsters tienden al blanco y, así como los conejos y Snoopy, son tiernos. Entonces, el hecho de preferir unos roedores sobre otros “dice mucho sobre nosotros como sociedad” (Victoria Rodríguez dixit)

2. Una iguana

Quien dice iguana dice camaleón. Quien dice camaleón dice lagartos. Quien dice todas estas cosas dice de sí mismo “mis papás no me dejan hacerme un tatuaje”. Porque además de futuras billeteras, estas son mascotas con clara voluntad de tatuaje. Tener una iguana es como tener un tribal como mascota o alimentar con whiskas a un corazón flechado en el brazo. Por eso, mientras esperamos la liberación total de las costumbres, que permitirá a los purretes del mañana hacerse tatuajes a los 5 o 6 años, a este tipo de niños no les ha quedado más que canalizar su frustración teniendo estas mascotas que no ladran.

El sueño del pibe

3. La araña en un frasco

Esta destrona al hámster como la mascota más sádica y retorcida de la lista. La araña en un frasco es la manifestación más exacerbada de esta condición. Los poseedores de estos animalillos suelen solazarse encontrando bichos para alimentar a sus “amigas” y llegan al clímax mientras observan cómo se entretiene la araña con su presa. Se identifican con la araña que maltrata al insecto, mientras ellos la maltratan a ella. Tener este tipo de mascotas se ha asociado desde siempre con grunge tardíos, góticos incurables o veneradores de la sidra caliente. Pero, por sobre todas las cosas, suele desembocar en personas que abren un video club y que piensan que el género de películas de terror es la manifestación más alta del séptimo arte.

araña en un frasco

Frustrados protagonistas de Scream 9

4. Un unicornio

No siempre hay que ver para creer. Un animal que podés tocar es muy cliché, una opción demasiado segura. Mucho más barato es un animal mitológico ya que no molesta y tenerlo de amigo te puede convenir en caso de que te persiga un Hipogrifo, te ronde Pegaso o si se te escapa el Toro de Creta. Sin embargo, tener como mascota un animal que es resultado de la mezcla de otros animales, puede convertirte en un admirador a destiempo de las Tortugas Ninjas u de otros animales mutantes que habiten alcantarillas.

unicornio en conservas

No a la matanza de Unicornios

5. Tamagotchi

El hecho de que leas la palabra tamagotchi y que no pienses en otra cosa que en una increíble mascota virtual te delata: tu vida fue tocada por el maravilloso mundo de los 90’s. Los tamagotchi eran una especie de llaveros a pila que tenían vida. Por lo tanto, había que alimentarlos, limpiarles la colita y tratar de que no se murieran. Un sustituto muy eficaz del perro porque no duraba tanto y, además, te daba más bola que un gato. Era ideal. Pero dejame decirte que si tuviste o tenés o soñás con esta mascota, lo más probable es que en el futuro te conviertas en japonés.

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