5 dictaduras destinadas al fracaso

A la dictadura del proletariado la mató la complacencia burguesa y a la dictadura de las máquinas la aniquiló Terminator. Lamentablemente, las dictaduras militares siguen existiendo en varios puntos del planeta pero, tal como Pinky y Cerebro, nunca podrán conquistar el mundo. Además de estos casos, también hay otros grupos sociales que conspiran día y noche para rebelarse e imponer su punto de vista, pero con perspectivas poco auspiciosas:

1. La dictadura de los escritores de auto-ayuda. No solo tienen todas las respuestas, sino que su cantidad de fieles aumenta al mismo ritmo que los seguidores de la Iglesia Universal del Señor en tiempos de crisis económica. Por eso, su ascenso al poder ocurre de forma casi natural. Su plan es muy exhaustivo y consiste en disolver todas las oficinas públicas y los emprendimientos privados, en el entendido de que cada persona tiene que auto-ayudarse en todas las ramas de la vida. Cada uno debe generar su propia energía, cultivar sus alimentos y criar ovejas para poder vestirse. Obviamente que, para poder realizar estas actividades, la población cuenta con los imprescindibles libros de autoayuda que se venderán en todos los antiguos negocios, ahora convertidos en librerías-consultorio. Sin embargo, su incontenible afán por cubrir todos los temas los conduce a escribir “10 pasos para acabar con una dictadura de escritores”, el best seller en el que germina la semilla de su propia auto-destrucción.

Spencer Johnson - Quién se ha llevado mi queso - Cómo adaptarnos a un mundo en constante cambio [WTF]

¿Quién se ha llevado mi dinero?

2. La dictadura de los peluches. Basta con ingresar a una juguetería para notar cientos de ojos que te miran y que, lamentablemente, no son los de las vendedoras –ellas están demasiado ocupadas esmaltándose las uñas-. Los ojos pertenecen a osos, elefantes, monos, y todo el reparto del Libro de la selva. Las fábulas con seres inanimados que cobran vida son tan viejas como las ganas de pisar nuestra sombra pero, hasta el momento, no se han registrado casos de victoria peluchesca sobre el universo y nadie espera que eso suceda en el futuro cercano. Pero, por eso mismo, como nadie espera nada de ellos, los peluches cuentan con el tiempo suficiente como para dar un hiper calculado golpe de estado al reinado humano, organizándose desde las jugueterías-comité de base. Si bien caminan con torpeza y tienen que cambiarse de pilas para poder hablar, al principio les va bien y logran someter a los humanos de manera cariñosa. Sin embargo, los humanos, tienen un arma de destrucción masiva, no bajo la manga, sino en otras partes de la vestimenta: el velcro. Así, atrapan a los rebeldes animales y recuperan su sitial de privilegio. Como venganza, imponen la moda gastronómica de hamburguesas de peluche.

osos de peluche

Revolucionario encapuchado

3. La dictadura de los hinchas de fútbol. Los sociólogos vienen robando con la frase “la futbolización de la sociedad” desde hace unos 20 años. La metáfora funciona gracias al justo cruce entre lo popular y lo intelectual (?). Pero el grado extremo de futbolización de la sociedad llega cuando los cautelosos fanáticos toman el poder y cambian la música del himno por una que puedan corear. Su medida más impactante, no obstante, es la prohibición de las sillas en todos los ámbitos de la vida, en el entendido de que “el que no salta se la come”. Por eso mismo, les gusta tanto almorzar de pie en los carritos. Sin embargo, fracasan en su intento por gobernar el mundo por la sencilla razón de que se terminan matando entre ellos y llevando la civilización a las ruinas. ¿Ah, qué? ¿Eso ya viene sucediendo? Mejor me callo y me mudo de país.

fanaticos e hinchas de futbol pelea, violencia en estadios de futbol

Un modelo de sociedad

4. La dictadura de los intelectuales. Sucesivos gobernantes como Menem o Bush Jr. han demostrado que no es necesario ser un genio para llegar a la presidencia. Por eso, los intelectuales imaginan que si ellos tuvieran la batuta del país todo sería distinto. Si algún día se les da, su primera medida será una de esas decisiones populistas que tanto les gustan, como regalar un libro por día a todas las personas, actividad financiada por el abuelo de Negroponte. Pero una de sus propias medidas termina conspirando contra la reproducción de su modelo. Basados en sus vidas personales, los intelectuales en el poder prohíben el sexo con la experta fundamentación que se reduce a “si yo no tengo sexo, que no lo tengan los demás”. Esta medida atentará contra la reproducción de la sociedad, pero un grupete de adolescentes efervescentes de hormonas financiados por empresas de condones y pañales los derroca. Los intelectuales sobrevivientes se manejan abriendo queserías.

sexo en la biblioteca, sexo nerd

Sí, claro

5. La dictadura de las parteras. Así como cuando te vas de vacaciones  a otro planeta siempre te recibe un alien –preferentemente verde-; en nuestro caso son las parteras quienes saludan al nuevo espécimen humano y le tiran los primeros piques sobre el Planeta Tierra. Su movida consiste en aprovechar el monopolio de los nacimientos y tomar como rehenes a los recién nacidos. Una vez en el poder, se apresuran por televisar los partos en horario central, provocando que, a diferencia del régimen de los intelectuales, la gente se ponga a copular frenéticamente para, nueve meses más tarde, aparecer en la tele. Las tasas de natalidad suben por primera vez en décadas y el Partido Único de las Parteras se expande hacia otros países. Sin embargo, la inesperada publicación de una novela inédita de Jean Paul Sartre, titulada “Dilemas de la partera existencialista” se convierte en éxito editorial y afecta el ánimo del cuerpo de matronas. Inmediatamente, les pega el bajón y dejan de asistir a los partos. El argumento para dejar a los nenes colgando del cordón es “no quiero traer otra vida a este mundo cruel e injusto, en el que ardemos sin sentido, fatalmente condenados a componer cenizas”. La mayoría de ellas se suicida y, como siempre, los políticos tradicionales recuperan el poder.

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