Cómo ser cool con un trabajo de mierda

Todos nos preguntamos ¿cómo hace ese señor pelado y con aliento a napolitana y ensalada rusa para vender tantos colchones? Ese vendedor se da el lujo de descuidar su apariencia porque sabe que su demoledor argumento pesa mucho más: “sobre el colchón que elijas pasarás el próximo tercio de tu vida”. Otro de esos tercios transcurrirá cansándote en una actividad muy popular llamada TRABAJO, para luego poder descansar en ese mismísimo colchón. Pero si sumamos el tiempo de traslado, la “hora libre” del almuerzo y los eternos fines de mes, caemos en la cuenta de que el trabajo consume mucho más que un tercio de nuestra existencia y que, salvo la prostitución, hay pocos que se ejerzan sobre colchones.

ahorcado con la corbata

Se está imponiendo la “corbata metafórica” entre los jóvenes artistas

Por lo general suelen practicarse sobre sillas con rueditas que nos regalan una breve ilusión de movimiento y libertad que pronto es sustituida por la aceptación de la rutina. Al poco tiempo, tu ocupación se trepa a tu nombre y se estaciona al lado, tras la coma, tal como le pasó a Ace Ventura, Detective de Mascotas. Por eso, mucha gente al jubilarse piensa en el suicidio o en cambiarse de nombre. Y así pasan los días y tú, tú trabajando, hasta que un marcalibros del mercado de los artesanos obsequiado por una amiga hippie te recuerda que “tú eres lo que haces con tu tiempo. Eduardo Galeano o similar”.

A simple vista, todo indica que lo que quieres hacer con el tercio disponible es ser un individuo cool. Esa manera tan característica de no combinar tu ropa o la música “aleatoria” que ameniza cada momento del día son claros indicadores de tu voluntad. Por eso merecés un empleo  a la altura de tu impronta, ejerciendo una  actividad en la que seas tan pero tan bueno como para que te paguen por hacerla. El problema es que, en realidad, la mayoría de los trabajos son remunerados porque nadie en su sano juicio los haría gratis. Pero como parte de la comunidad cool no podés permitirte ese defasaje. No puede ser que tu día laboral consista en teclear el mismo botón durante 8 horas, para obtener siempre el mismo resultado, y que solo rompas la rutina dos o tres veces por mes cuando “se cae el sistema”. Entonces, aprovechás para mirar los botones pero sin apretarlos. Una experiencia religiosa.

Cualquiera puede terminar así

Si bien podés encontrarle la vuelta y parecer un genio por recibir plata por eso, difícilmente te veas cool cuando en el imaginario de tu interlocutor vistas un traje barato detrás de un escritorio, rodeado de risas panzonas con los botones de la camisa a punto de ceder y señoras que nunca se cansan de comentar los comportamientos humanos de sus mascotas y que solo esperan el momento de llegar a sus casas para poner “la comedia” y bailar Pimpinela frente al espejo. Tu interlocutor imaginará a una persona cuya vida gira en torno a una máquina de café compartida. Imaginará la expectativa con la que esperas el regalo del amigo invisible de fin de año o la frustración con la que juntas las monedas para el regalo de despedida para aquel compañero que encontró trabajo en un lugar mejor, por menos horas, y más plata; un paraíso al que tú pareces nunca ascender. Te imaginará, en fin, como un espectador de tu propia vida y no como quien elige su propia aventura.

Esas imágenes tan fuertes no se irán de su cabeza, aún cuando estés vestido un paso delante de la vanguardia. Tu interlocutor mirará sus manos tratando de sacar los restos de pintura de su última obra de arte y se irá directo al músico reconocido que acaba de entrar al lugar. Con él sí quedará bien en la foto.

Trabajo oficina lego

Piensan que tu trabajo es cuadradito. Allá ellos

Ante este escenario se abren tres caminos. El primero es permanecer en tu puesto actual. Antes tendrás que admitir que cool no es tu adjetivo, quizás lo sea en otra vida, pero no en esta. Automáticamente empezarás a comprarte atuendos sobrios en variaciones sobre el marrón y lo justificarás con el verso de que lo clásico nunca pasa de moda. Dedicarás tu tiempo libre a buscar chistes en internet para festejar con tus compañeros de oficina y, si tenés suerte,  podrás mantener tu toque personal llevando té con gustos excéntricos para pasar tus tardes.

La segunda opción es pasarte a un trabajo un poquito más cool, en el que por tu nula experiencia en “hacer cosas” te pagarán 5 veces menos. Podés, por ejemplo, ponerte a pintar las casas de tus familiares e incluso de tus ex compañeros de oficina a cambio de algunas monedas y, cuando te preguntan de qué vivís, respondés: “Yo pinto”. No podrás pagar el alquiler, pero anotarás una entrada en tu curriculum cool y obtendrás suficiente voz y voto en la comunidad como para imponer el homeless chic.

La tercera es una opción de síntesis. El camino es continuar en tu puesto actual sin que nadie se entere. No estarás libre de que alguien del ambiente te descubra in fraganti detrás de un viejo escritorio de oficina pública pero, en todo caso, también lo estarás descubriendo a él haciendo trámites y, lo único más triste que trabajar en una oficina, es trabajar haciendo cola en ellas. Así que tranquilo, tu secreto permanecerá a salvo. El siguiente y fundamental paso es anotarte en un cursillo de fotografía, comprarte una cámara grandota y, listo, sos fotógrafo. Tu primera tarea será sacarles fotos a tus compañeros y armar con ellas una muestra irónicamente titulada “Esperando el feriado”.   Entonces, explicás que conseguiste el empleo como “trabajo de campo” para tu “acercamiento gráfico a la cotidianeidad oculta y la compleja monotonía grisácea de los laborables días”. Listo, ser cool y tener un trabajo de mierda se vuelven términos conciliables.

Pasá por acá por más consejos sobre cómo ser cool

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5 pensamientos en “Cómo ser cool con un trabajo de mierda

  1. Juaj, lo de la cámara ya lo había pensado, la muestra se iba a llamar “días de oficina” y mostraría a todos mis compañeros haciendo todas esas cosas horribles que las personas hacen concentrados atrás de la computadora y pierden referencia de que otros los están mirando!!

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