Cómo lidiar con viajeros molestos

Llega el calorcito, se vienen las vacaciones, las ganas de emigrar un rato de la ciudad y con ellas los tortuosos viajes en ómnibus, barco y avión, para los más afortunados. MDE continúa con su multitemático servicio a la comunidad ofreciéndole una descripción de los 5 viajeros más molestos identificados hasta la fecha, junto con algunas sugerencias para lidiar con ellos.

1. Los conversadores. Fácilmente identificables, los conversadores suelen ser personas de avanzada edad, viajando solas sin libros, auriculares ni pastillas para dormir. Sus conversaciones versan sobre temas trágicos como la enfermedad, la muerte o las nueras. Son altamente pesimistas y su cháchara sobre los males de este mundo o el estreñimiento producido por los baños del transporte en cuestión puede seguir por horas y horas. En caso de no poder cambiar de asiento, MDE recomienda: no establecer contacto visual, simular ser extranjero y no entender el idioma local, poner cara de terrorista o fingir ataques de pánico cada vez que el molesto viajante intente dirigirse a usted. Escuchar música o leer un diario/revista, contrariamente a la creencia popular, no desalentará a su interlocutor; tan sólo le dará más temas de conversa.

Un ómnibus lleno de pasajeros ansiosos por conversar.

2. Los Space Invaders. Esta clase de molesto viajante suele tener sobrepeso o ser desmesuradamente alto, pero incluso personas menudas y de baja estatura pueden llegar a sufrir de este trastorno social. Se caracterizan por ocupar su asiento y el de quien se encuentre sentado a su lado. Suelen cargar con una cantidad excesiva de equipaje que se niegan a ubicar en el compartimento correspondiente, insistiendo inútilmente en cargar con sus bolsos, libros y compras del free shop sobre su falda durante todo el viaje. Gustan de ir al baño cada cinco minutos, buscar caramelos de menta en el fondo de su cartera mientras vacían todo el contenido a su alrededor, y cargar con botellas de refresco o grandes termos de café que tarde o temprano volcarán en la falda de su acompañante. Frente a este tipo de situaciones MDE solo puede recomendar paciencia y drogas.

Un típico Space Invader.

3. Gente con niños. Sucede cada tanto que, a medida que nos acercamos a nuestro asiento designado constatamos, con angustia, que es justo el que está al ladito de la señora con un crío en brazos. A los problemas que normalmente causa un Space Invader de esta calaña, se le agregan los problemas propios del niño aburrido. Durante las horas que dure el trayecto, el infante se tomará muy en serio su misión de demostrar que el viaje lo tiene podrido y procederá a realizar las siguientes acciones de protesta: preguntar “¿cuánto falta?” nueve veces por minuto, llorar, gritar, vomitar, hacerse caca y pichí, oler mal, moverse cual bailarín invocando a la lluvia y jugar a algo que se parece mucho al twister. Para sobrellevar tamaña desgracia le sugerimos se arme de un botiquín de emergencia con los siguientes elementos: tapones para los oídos, mascarilla 3M autofiltrante para vapores tóxicos, bata de papel para proteger su indumentaria y cantidades industriales de calmantes. Estos últimos pueden esconderse en dosis bajas dentro de marshmallows con los que podrá convidar al pequeñín durante el viaje.

4. Mochileros. Entendemos que no hay necesidad de explicar las causas por las que tener a un mochilero sentado al lado es una desgracia de dimensiones épicas; de todas formas, aquí va. Necesariamente, un mochilero es alguien que hace varios días que no se ducha, no lava su ropa ni se cambia las medias. Su pelo, comúnmente peinado con rastas, es un nido de caranchos lleno de pasto (sobre el cual el mochilero ha descansado antes del viaje) y una elaborada transpiración que solo 40 grados a la sombra pueden despertar. Para empeorar las cosas, la falta de horas de sueño en un lugar confortable que este tipo de individuos acusa, provocará en ellos una somnolencia inmediata que los hará soñar con cosas raras, hablar y moverse mientras duermen, desplomarse sobre nuestro hombro acercando el nido de caranchos de manera peligrosa a nuestra cara y, finalmente, hacernos dudar acerca de si están vivos o muertos. Si a usted le toca sentarse entre este individuo y la ventana, vaya al baño antes de partir, luego estará atrapado en el rincón al que irán todas las moscas.

Así como la ves, hace una semana que no se lava el pelo.

5. Los paranoicos. Esta es la especie más difícil de identificar. En cualquiera de nosotros puede esconderse un paranoico, listo para despertar en el momento de despegue. Este tipo de viajeros cree firmemente que el avión se va a caer, el barco se va a hundir y el ómnibus va a volcar. Y, sin embargo, se empeñan en “enfrentar sus miedos” y viajar de todas formas, arruinándonos la travesía con sus ataques de histeria. El paranoico nos tomará de la mano en cada curva peligrosa, pegará pequeños grititos de terror en cada turbulencia y se mareará con cada ola que mueva el navío. Si tiene la desgracia de compartir un viaje con tal espécimen, cómprele la cantidad necesaria de whiskies dobles que se requieran para desmayarlo. Le estará haciendo un bien a todos los viajantes y a la tripulación de a bordo.

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