10 razones por las que ser rico y famoso no está tan bueno*

Hablo desde la experiencia propia. Es más, esta lista es un boceto que le mandé al escritor fantasma de mi futura autobiografía para que escriba un capítulo sobre lo duro que es ser millonario. Disfruten de la primicia.

1. No sabés a quién adoptar. De repente, todos los países están a tu disposición. Niños desamparados hay en todas partes, pero vos tenés un solo corazón. Entonces comienza la gira por los países más pobres hasta encontrar al niño que salvarás y convertirás en estrella mediática involuntaria.

2. ¿Cero estrés? No tenés que preocuparte por el alquiler, la comida, la suba del boleto, el vencimiento de la tarjeta, la propina del mozo, comprar en cuotas, el futuro de tu linaje, el tratamiento de conducto, el índice medio de salarios, la canasta básica familiar o financiar tus vacaciones. Buenísimo. Pero ¿de qué te preocupás entonces? Al carecer de preocupaciones, solamente te queda la preocupación de no tener por qué preocuparte. La única manera de rellenar ese hueco es comprarse una preocupación más grande que uno mismo y pelear por el calentamiento global, los perros con tres patas o por los derechos de los actores de reparto. En ese momento es que nacen las “fundaciones”.

Tener plata no es para vos. Conformate con jugar al Monopoly

3. Perdés tiempo buscando una religión alternativa. Ser agnóstico se volvió muy mainstream y creer en el dios de las religiones tradicionales es, precisamente, demasiado tradicional. Lo más conveniente es unirse a un culto que funcione como una sociedad secreta a la que solo pertenezcan personas de tu nivel. No estoy hablando de la masonería, sino de algo que en realidad no te puedo contar.

4. Perdés mucho más tiempo aún tratando de ser excéntrico. Un millonario poco excéntrico es como un flan sin dulce de leche. Yo no daba con ninguna excentricidad hasta que encontré el salvavidas de las fobias. Tenerle miedo a los teléfonos públicos en Navidad o al sonido de un tomate al chocarse con una balanza simplifican la búsqueda. La fobia a pagar impuestos o al dinero sucio es muy frecuente entre mis amigos  millonarios.

Fobia a las personas disfrazadas de Mario Bros. ¡Oh, soy tan excéntrico!

5. Los mozos esperan propinas cuantiosas. Solo porque te ven llegar en un Jaguar con piscina climatizada en el asiento trasero se piensan que uno anda regalando moneditas así como así. ¿Se piensan que me volví millonario obsequiando propinas? No, si por algo he llegado hasta aquí, ha sido por guardar dinero cuando debo hacerlo. Pero los mozos no escarmientan. Por eso, cuando organizamos fiestas con mis amigos, ya es un clásico disfrazarse de mozos y jugar a ver quién aguanta más tiempo esperando una propina que nunca llegará. Es tan gracioso.

6. Tener que cargar con la herencia de padres o antepasados exitosos es un hueso duro de roer. No podés empezar desde abajo porque, por lo general, ya lo hizo algún bisabuelo que emigró con una sola muda de ropa y medio dolar en el bolsillo. No vas a ser creativo, ni el mejor de la familia porque siempre hay un familiar erudito que fue criado especialmente para eso o, en todo caso, ese sos vos y es un embole. Sin embargo, todavía peor que esa herencia es la que tenés que dejarles a los demás. Que se busquen un trabajo honesto.

7. Por más dinero que tengas hay cosas que no podrás comprar. Y no hablo de la dignidad de las personas ni del amor más inalcanzable -cosas que a la larga se terminan comprando- sino, por ejemplo, de un buen cirujano plástico. Hasta el más caro te puede dejar así:

Melanie Griffith, antes y después

8. Tener que desarrollar firmas paralelas porque, si firmás los autógrafos con los mismos garabatos que en los cheques, los intentos de falsificación de firma no se harán esperar. Peor aún, antes tenés que aprender a escribir.

9. Los paparazis no son tus amigos. Al principio te parecen criaturas simpáticas que siempre están al alcance de la mano y a quienes les podés pedir fuego en caso de que hayas perdido el encendedor o haya mucho viento para utilizar un fósforo. Pero al poco tiempo no hay lugar en donde no estén y la paranoia te empieza a corroer poco a poco. Empezás a desconfiar de todas las personas que te cruzás porque nunca sabés qué sucio disfraz estará utilizando el fotógrafo para captarte desprevenido. Por miedo a que te atrapen en pleno acto dejás de ir al baño. Entonces, te morís de un ataque de tránsito lento.

La muerte de Heath Ledger es un expediente abierto

10. De todas maneras, la mayor calamidad es que la gente deja de ver lo esencial en ti y comienza a acercarse por intereses. Y eso es horrible. Piensan que no tenés corazón. Que ya nada te emociona porque lo tenés todo. Entonces encuentran una justificación para quedarse con todo tu patrimonio. No merecés vivir. Hay que matarte. Y entonces, desapareces. Los medios dirán que fue un suicidio. Ellos también reciben su tajada.

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*Con la lectura de este listado estás donando $5 para Culkin, la fundación que abrí para asistir a personas con traumas asociados a la riqueza infantil. Sin tu aporte nada de esto sería posible. Gracias. Ojalá que nunca te pase.

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