5 adicciones provocadas por el ADSL libre

Recuerdo los tiempos en que para conectarse a Internet había que ocupar el teléfono y ser breve porque salía caro el minuto y mirá si llama alguien y le da ocupado. Hoy, la banda ancha, los smartphones y la conexión wi-fi en cualquier rincón de la ciudad complican nuestra existencia, pues no podemos estar 5 minutos sin chequear la página de inicio de Facebook y la timeline de Twitter.

A su vez, internet ofrece tantos servicios que es muy difícil no volverse adicto a algo. Y como somos quejosos, nos quejamos de la lentitud de la conexión, pero a la vez de lo mal que nos hace el tiempo que nos consumen todas las pavadas que gracias a Internet tenemos a nuestra disposición. Aquí van cinco de mis adicciones por las que culpo directamente a Antel.

1. Stalkear gente por Facebook.

Como con toda adicción, se empieza de a poco y casi inocentemente. Al principio lo hacemos para saber si esa persona que tanto nos gusta está soltera o qué hicieron nuestros amigos en verano mientras nosotros tuvimos que quedarnos en el centro trabajando. Pero, rápidamente, nos encontramos perdiendo días enteros mirando fotos de la luna de miel de aquél compañero de clase que nunca volvimos a ver, o chusmeando las preferencias musicales de la novia del vecino de alguna prima. Es en ese momento en que nos damos cuenta de que la facilidad con la que accedemos a información ajena a través de Facebook es un viaje de ida y que hay que tener mucho cuidado de no sobre-exponerse a sus tentadores hechizos.

Me hice un pin y todo.

2. Twitter

Al principio no lo entendía bien. ¿Por qué voy a escribir mensajes esquemáticos de 140 caracteres para que los lean personas que no conozco y que no me conocen a mí? Como les debe haber pasado a muchos, comencé con el único fin de enterarme de las cosas que twitteaban algunos “famosos”. Y así empecé, a seguir y ser seguida. Pero el problema es que en Twitter todos son extremadamente graciosos y ocurrentes. Parece que se tratara de una competencia de chistes o de coolness. Y al final, casi sin darse cuenta, uno se engancha y empieza a pensar su vida en twitts y a confesar públicamente, para todo aquel twittero que quiera leer, sus opiniones, rutinas, reflexiones filosóficas y anécdotas divertidas. La única condición es hacerla corta y que a nadie le importe.

3. Compras con descuento

Cuando finalmente había logrado salir de la rehabilitación a la que me condujo la adicción a las compras inútiles y descerebradas de Teleshopping; Groupon, Woow y Notelapierdas aparecieron con sus descuentos demenciales en productos tan inútiles como indispensables. Sesiones de plataforma vibratoria, brushing progresivo, depilación definitiva y delivery de sushi, son algunos de los productos y servicios que se ofrecen a precios irrisorios, y que hacen que me pregunte cómo era posible la vida sin ellos. Y es que la importancia de los descuentos cambia nuestra opinión respecto a cosas tan impensadas como el adiestramiento de perros. Fijate que puedo hacer que mi mascota salte y gire como se me dé la gana, y encima me estoy ahorrando un 60%. Estoy entre tramitar mi tercera tarjeta de crédito o pedir ayuda a fundación Manantiales, todavía no lo decidí.

4. Juegos en línea

Hace unos años nos maravillábamos por los efectos cada vez más complejos de los videojuegos. Desdeñábamos al buscaminas o el solitario por su simplicidad e íbamos detrás de los juegos más realistas y con mayor inteligencia artificial. Hasta que Facebook trastocó ese orden y nos volvió adictos a juegos que consisten en agrupar pelotitas de colores o que son versiones simplificadas del veo-veo. Hoy  ya no juego con la Play para desestresarme y mato el tiempo con una partida de Mahjong. Lo peor de todo es que puedo pasar horas y horas en ese juego de abuelitas.

El cajón de mi escritorio.

5. Comida chatarra, azúcar y cafeína

Aunque esta adicción parezca no tener relación alguna con el uso excesivo de Internet, en mi caso se presenta como una consecuencia directa. Cuando uno pasa la mayor parte de su tiempo ocioso totalmente compenetrado frente al monitor, se olvida de tareas cotidianas básicas como ir al super, cocinar y cumplir con las cuatro comidas diarias. Así, uno reacciona solo cuando el hambre, la sed o el cansancio interrumpen el estado de atontamiento digital. Las soluciones rápidas y poco trabajosas se vuelven menester. Caramelos, alfajores, papas chips, Doritos, helados y gomitas azucaradas, todo bañado en litros y litros de Cocacola y café, día tras día, logran convertirse en una verdadera necesidad para el cuerpo.
Esta adicción es la más difícil de todas porque es alentada por los ratos de Internet, pero se mantiene aún si la computadora se rompe. La última vez que la compu intentó suicidarse o tomarse unas vacaciones de mí, no me quedó otra que masticar los Sugus y Palitos de la Selva mirando una pantalla negra.

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