Cómo ser cool con tu remera de la 10k

¿Qué se puede hacer salvo ver películas? Bueno, también hay muchas series . Pero además de matar el tiempo, el cine es un arte que hace que te preguntes cosas. La mayor parte del tiempo te preguntás por qué acompañaste a tu novia a ver la vigésima comedia Kate Hudson; quién traduce los títulos de las películas; en qué momento se volvió algo normal comer pop; o por qué hay gente que se queda a leer los créditos finales como si realmente pudiera leerlos. El cine cuestiona el aparato de lugares comunes sobre los que estás sentado y es por eso que a mediados del siglo pasado lo consideraron un arte y no solo un mero entretenimiento para generaciones haraganas que ya no querían leer. O sea, está buenísimo el cine.

Sin embargo, puede tener efectos inesperados. El exorcista impuso la moda del vómito verde y El Manosanta está cargado convirtió las batas en artículos fetichistas. Es que hay aspectos laterales de películas que logran convencer a multitudes. Un ejemplo irrefutable es Titanic, que convenció al universo de que Celine Dion era una artista. Pero no todas tuvieron efectos tan inmediatos.

Si te digo Forrest Gump, seguramente pienses en una película que te trata como un idiota, mostrándote a un idiota con voz de idiota que corre a través de la cinematográfica historia de Estados Unidos. Si tuviste la suerte de no verla, tratá de conservarla. Igual, te cuento que Forrest es interpretado por Tom Hanks, un actor que nació para ser tío o, como se ve en esta película, un idiota de fuste. Como era de esperar, tanta idiotez junta tuvo mucho éxito. Sin embargo, una de las claves más profundas fue desentrañada mucho tiempo más tarde. Solamente 10 o 15 años luego de haber sido estrenada, alguna repetición surtió efecto sobre una generación que encontró en Forrest Gump un camino de vida y empezó a seguirlo.

Forrest Gump Corriendo

Forrest Gump y la legión maratonera

Entonces, tal como su nuevo héroe fílmico, todos comenzaron a correr. Pero no solo entendieron tarde a Forrest, sino que eligieron un modelo bastante infeliz porque, así como Forrest, ellos corren por nada y sin llegar a nada. Al igual que en la película, la voz fue corriendo maratones y conquistando adeptos de las dos clases sociales (uncools, obvio, pero cools también). Entonces, el valor de los nikes empezó a mencionarse tras la cotización de la moneda y transpirar dejó de ser algo asqueroso. Por el contrario, empezó a ser visto como el efecto natural del adonis moderno que ingiere 2 litros de agua por día solo para sudarlos en la camiseta. El paroxismo de la idiotez, sin embargo, es ejercido por quienes se abrigan en días veraniegos para transpirar más. Esto equivale a quien toma laxantes en todas las comidas sin necesidad alguna, solo para defecar más seguido. Pero no, para ellos la transpiración es índice de salud y no de contaminación visual. Llegar a casa hecho un caldo es un tick en su lista de actividades diarias.

Adictos

¿Qué hacen nuestras autoridades al respecto? ¿Contener a la manada? ¿Brindarles rehabilitación? Claro que no. El estado ha decidido allanarles el camino y ha alterado el tránsito para permitir que estos picapiedras sin troncomóvil recorran las calles impunes. Los corredores han convertido la ciudad en una gran pista de atletismo, en la que los peatones no somos más que vallas móviles que ellos deben sortear. Ni una zancadilla podés hacerles; pues la toman como un desafío más.

Pero correr es tan solo un problema particular. El verdadero problema es el deporte en general. El ejercicio físico dejó de ser la actividad a la que se abocaban las estrellas de rock cuando llegaban a cierta edad y debían sustituir los viejos vicios por otros. Lamentablemente, hoy ya nadie considera al deporte una droga potente. “El deporte hace bien” repiten todos, claramente dopados por el placebo de esta actividad que les impide juzgar con objetividad. La realidad, en cambio, indica que detrás de cada deportista late un fisicoculturista en potencia. Además, cuánto más cerca se esté del deporte, más cerca estarán los anabólicos, los aceites corporales y las calzas.

Corré por una causa

Peor aún, nadie parece notar que el éxito del deporte está fomentando un modelo social equivocado. Por una lado, las ventajas de la juventud se evaporan, ya que las personas jóvenes malgastan su tiempo generando masa muscular. Por otro, hay cada vez más viejos sin dignidad, que pasan de ser abuelos honrados a ser tíos eternos (cuando no padres primerizos a los 75), provocando una involución social notable. Por lo pronto, prefiero morirme antes que volverme un viejo joven.

Entonces, ¿cómo ser cool si ya te anotaste en la maratón? Si te inscribiste, pero no fuiste, estás a salvo. En primer lugar, que ni se te ocurra mencionar a Forrest Gump en tu currículum. Meté a Corre, Lola, Corre. En segundo lugar, si te pica el bichito de la corrida, que sea por una causa más noble que el onanismo físico, como escaparte de un ladrón o de un policía. Y, por último, si vas a combinar las variables “piernas” y “calles”, que sea para caminar por barrios infrecuentes y notar arquitecturas olvidadas por los especuladores inmobiliarios del presente, y no para plegarte a una masa de piernas transpiradas.

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