5 errores que cometo una y mil veces

Dicen que el humano es el único animal que se tropieza dos veces con la misma piedra. Si esto es verdad, yo debo ser de lo más humano que podés llegar a encontrar. Te digo más, no me corto las uñas de los pies de tanto tropezarme.

Estos son cinco de mis tropiezos más celebres, en los que he reincidido y pienso seguir reincidiendo.

1. Confiar en las vendedoras a comisión. Esas que tienen una respuesta para todo: se estira, se encoge, cede, es “lo que se viene” o, peor, “lo que se está usando en Europa”. Peor es creer que la vendedora es tu amiga y que es sincera al confesarte que ella tiene el mismo modelo y lo lava en el lavarropas sin problemas. Peor todavía, creerle cuando te dice que te queda bárbaro, que ese vestido parece haber sido diseñado para tu cuerpo, que no se nota que te queda apretado y que ese color que no te convence va a generar tendencia. Solo hace falta ver las posteriores fotos del evento en Facebook para corroborar que parecías una foca atragantada y que tenías las tetas de sombrero. Gracias totales vendedora, que disfrutes de tu comisión, el vestido se va al fondo del ropero.

Arnold tampoco respaldó sus archivos. Todos nos equivocamos.

2. Confiar en que el disco duro durará para siempre y por esa razón nunca respaldar nada. Creía en el disco duro como creía en Papá Noel y los Reyes Magos cuando era niña. Hasta que un día el disco falla y pierdo, una vez más, gigas y más gigas de música, fotos, películas, software ilegal que solo yo sé cuánto me costó descargar, ideas revolucionarias en forma de archivos .doc, y hasta el curriculum vitae que tanto me costó volver convincente. Es en ese momento que descubro que el disco duro son los padres y que si ni siquiera se puede creer en el disco duro, entonces el mundo está perdido.

3. No separar la ropa blanca de la de color. ¡¿Cuántas veces?! ¿Cuántas veces me tiene que pasar para finalmente aprender esta lección? Siempre pienso que es un mito, una leyenda urbana o una actividad que se inventaron los que no tienen nada mejor que hacer un domingo a la tarde. Todas las veces lo mismo: remera roja nuevita que se convierte en pijama rosado, lencería blanca que se convierte en bombacha de laundry day. Y que ni me vengan a hablar del Skip Intelligent Color, ¡falacias!

La blanca y la de color. Parece tan sencillo.

4. Pensar que tengo gran potencial como tía postiza. Cada vez que algún familiar o amigo cercano tiene un crío, yo no puedo esperar a encarnar mi papel de tía preferida (porque además pretendo ser la preferida, obvio). Lleno al niño de regalos y espero con ansiedad a que llegue ese momento en que los padres primerizos están tan hartos de la rutina de memas y pañales que le encajan el chiquilín al primer gil que se ofrezca de niñera. Ahí entro en escena lista para ser un éxito de taquillascon mis dotes para el canto y la actuación, mi amplio conocimiento de la programación del Disney Channel y de la coreografía completa de Itsy Bitsy Araña. Siempre me pasa lo mismo; considero que esta vez ya soy lo suficientemente adulta como para poder manejar a un pequeño manipulador y, sin embargo, termino rindiéndome ante el primer llanto del gurí, que tarda menos de media hora en agarrarme de hija y tenerme a su merced.

El amor. La piedra con la que todos tropezamos una y otra vez.

5. Enamorarme. Por cada vez que prometí y juré que esto no me iba a volver a pasar, hay una posterior recaída en este vicio tan poco cool. Muchas canciones se han escrito acerca de lo que pasa después del amor; desde Cher hasta Fito Páez se han inspirado en este particular fenómeno que resulta tan difícil de desentrañar. Desde mi experiencia, lo único que te puedo decir es que después del amor se produce un proceso de evaporación de memoria que convierte todo nuestro aprendizaje adquirido en polvo y que, al momento de ser puesto en práctica, desaparece como lágrimas en la lluvia. Entonces volvemos a cometer las mismas idioteces que antes y a tener diálogos que, mirados de afuera, parecen dignos de una comedia venezolana en la que tendríamos nombres como Julio César Ricardo y Antonia María Magdalena. Así que si llegan a ver en mis estados de Facebook y tweets frases cursis y clichés, sientan pena por mí, estoy tropezando con la roca del amouna vez más .

Más listas en no te pases de lista

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