5 excusas para emborracharse sola en casa

Pleno siglo XXI y una mujer que vive sola aún tiene que dar explicaciones cuando alguien se acerca a su heladera y detecta un vino blanco por la mitad al lado de una cerveza con un tapón azul de goma, bastante feo por cierto, y una botella empezada de ron. El extraño levanta la mirada y se encuentra con restos de la grappamiel que me curó la gripe en invierno y aún sigue sorprendido. Entonces hay que dar explicaciones y más explicaciones: a mi abuela, mi mamá, mi papá, mis tíos, hasta a algunos de mis amigos, que levantan las cejas al enterarse de mis hábitos etílicos. Estas son las mejores explicaciones que se me ocurren, antes de cansarme, mandar todo al carajo y servirme un buen whisky doble.

1. “Agradecé que no estoy traficando esclavos” o “podría estar asaltando una ferretería para conseguir pegamento e inhalarlo con los pibes”. No solo no estoy haciendo todo eso, sino que le estoy dando trabajo al que me la vendió, al que la llevó hasta ahí, al que fabricó la camioneta en la que se distribuye, al trabajador, a su familia, a su perro y al veterinario. Toda una cadena de producción depende de mí. Esta explicación es muy efectista y su efectividad es efímera, por lo que hay que contraatacar con más argumentos.

No Colet no me queda, pero te puedo invitar con un vodka si querés.

2. En invierno hay que cuidarse la garganta con un whisky de merienda, una grappamiel digestiva y/o un tequila de desayuno. Ok, ya no estamos en invierno, pero siempre es mejor prevenir que curar. Además, todas las cosas tienen fecha de vencimiento y eso incluye las bebidas alcohólicas. ¿Para qué salir a gastar si acá en casa tengo cosas que aún no se vencieron?

3. Si esa explicación pareció muy antojadiza, entonces no hay nada mejor que un argumento más “científico”, que tanto tranquiliza a todo el mundo. Una copa de vinohace bien al corazón, la cerveza contiene todas las vitaminas importantes del grupo B, además de las vitaminas A, D y E, y el fernet ayuda a purificar el hígado.

Tomar por una causa. Otra excusa válida.

4. Por otra parte, el factor económico siempre está presente. Tomar solo en casa sale más barato que sentarse en cualquier barra. Además, es preferible llorar las penas por Twitter o por chat que narrárselas a un mozo al que luego tendremos que dejar propina. Solo nos quiere por conveniencia.

5. Si todas estas razones no tranquilizaron a nuestro pacato interlocutor, siempre es conveniente dar un poco de pena. Imaginate, viernes de noche, sola, nada que hacer. ¿Cómo diferenciar esa noche de viernes de la de un martes? ¿Querés que me pegue un tiro? ¿Y si mejor destapamos una botella?

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