Cómo continuar siendo cool más allá del inclemente paso de los años

Cool significa siempre vigente. Pero mantener la vigencia es un arte que solo dominan aquellos con el termómetro siempre calibrado y no quienes lo rompen para ponerse a jugar con el mercurio. Pero el tiempo consume hasta las cosas más pequeñas. Hoy a nadie se le ocurre jugar con un termómetro, porque ahora son digitales, plásticos y tienen una alarma que avisa cuando hay que sacarlo. Como se ve, mantenerse vigente no es tarea fácil, porque aún teniendo el termómetro en pleno funcionamiento puede aparecer otro que eclipse al propio.

Is this the story of Johnny Rotten?

Por eso, no hay nada más triste que ver a alguien anteriormente cool intentando repetir los tics, los gestos, los atuendos y hasta las marcas de marcadores permanentes que lo convirtieron en un faro para su momento. La música que hoy escucha es siempre la misma; los directores que amaba, ahora son tan solo una copia de sí mismos cuando eran jóvenes; las expresiones que emplea lo ponen en evidencia. Usa frases como “lo que es moda no incomoda”. Cuando se le escapan oraciones como “los jóvenes de hoy” o “cuando yo tenía tu edad” enseguida cambia de tema. Cuando la computadora se enlentece dice “la torre está pensando”. Realiza búsquedas en Altavista con su Internet Explorer. Reenvía cadenas de mail por adinet. No se anima a tirar el fax “por las dudas que tenga que mandar uno”. No va a toques sino a espectáculos y cuando arma un compilado dice “me mandé una ensalada”.

Ese cool de antaño quedó anclado en su edad de oro y ya no se renueva; no es más que una caricatura. Si sale de noche apenas logra disimular su incomodidad. Cuando está parado no sabe qué hacer con sus brazos; cuando está sentado piensa en estar parado. Los nenes más jóvenes no lo respetan, ni siquiera saben quién es, ni tampoco que hubo un tiempo en que fue hermoso. Porque estamos de acuerdo en que es feo pasar por la vida sin haber sido cool. Pero de esa manera, al menos, se evita la caída en desgracia y la vergüenza de haber sido cool y el dolor de ya no ser.

La lluvia cae para todos igual

La única solución efectiva es tener una muerte heroica como James Dean. Pero para héroes están los comics y mausoleos. Así que un cool de fuste que quiera sobrevivir y descarte la muerte accidental o el suicidio, debe pararse firme frente al tiempo, pero  debe pararse firme sobre todo ante los pendejos que tratan de quedarse con su trono tapizado con Roy Lichtenstein. Hacerles frente, pero no aplastarlos. El camino consiste en no desestimar totalmente ninguna tendencia novedosa y fresca. Si lo hacemos, corremos el riesgo de que esa tendencia triunfe y quedar como unos jueces inoperantes de la tendencia pionera. Tampoco abrazarla de primera, porque puede fracasar. Mantengamos cierto aire de indiferencia, de superación y subámonos al carro de la nueva tendencia cuando esté a punto de consolidarse, y encarguémonos de quedar como responsables de esa consagración, como el que le imprimió el ISO 9001. Los largos años en el universo cool nos dan chapa para esto.  A su vez, esto estirará nuestro crédito por un tiempo en el ambiente. Ese tiempo debe ser bien administrado. Tenemos que seleccionar nuestras apariciones públicas. Medirlas. Ser calculadamente cool. Meditarlas. Solo sobrevivirá el más apto.

Pasá por acá por más consejos sobre cómo ser cool

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