Secuelas de los 90: Los protectores de pantalla y su influencia en el consumo de drogas alucinógenas

Detrás de cada problema social siempre hay un sociólogo que dictamina “este es un fenómeno de larga data con raíces profundas”. Esa sencilla fórmula le sirve al cientista social para explicar la situación actual del Uruguay, el universo y sus alrededores, y –si tiene suerte- para opinar en Puglia Invita.

El auge de la cultura lisérgica en la actualidad tiene causas profundas y otras que no lo son tanto. Entre estas últimas se encuentra la influencia de los protectores de pantalla en aquellos que nos criamos en los ’90.

Cuando mi prima me presentó su flamante computadora con pantalla a color, ella resaltó como una de sus propiedades más irresistibles la posibilidad de configurar el protector de pantalla. Yo, que era tan solo un niño, pasé por alto la palabra configurar (no tenía ni idea de qué significaba, pero pronto se convertiría en uno de mis verbos de cabecera junto con su archi-rival desconfigurar) y me detuve en el sintagma protector de pantalla.

-Ah, claro, para cuidarse los ojos –arriesgué.
-No, tarado, es para cuidar la pantalla. Es muy sensible. Se puede quedar petrificada si no la resguardás con un buen protector de pantalla.

Esa fue la primera vez que escuché que alguien cuidaba más los ojos de la tecnología que los propios. Hoy estamos acostumbrados. Lo que yo me imaginé era algo así:

Eso era un filtro de pantalla que se empleaba para no quedarse ciego de tanto jugar al FIFA o al Doom. Era espantoso, porque opacaba la imagen y no se veía un carajo. Pero no, mi prima se refería a un protector de pantalla alucinante, que era así:

La tecnología de punta del momento permitía alterar la velocidad, colores e intensidad de las formas, logrando que las generaciones de niños de esa época, fueran más propensas al consumo del LSD cuando fueran grandes. Esa tarde la pasamos hipnotizados apreciando el sinfín de formas que se sucedían una tras otra. Y todo eso con el objetivo caritativo de cuidar la vida útil de la pantalla. ¿Qué más se podía pedir?

La epidemia de los protectores de pantalla creció al mismo ritmo que avanzaron los 90’s y murió el mismísimo 31 de diciembre de 1999, cuando se descargó por última vez un protector de pantalla. El nuevo siglo trajo otras versiones del software junto con la evolución tecnológica de los monitores, que volvió obsoletos a los protectores.

Hoy solamente los emplean los adictos a la pornografía. De todas formas, el daño ya está hecho y una generación entera quedó afectada por este invento irresponsable de los programadores de los 90.

Más de uso el arcoíris como un tobogán

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